Espacio de Jesús

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Hoy 10 de Diciembre de 2007 se cumple el primer año de la muerte de uno de los últimos dictadores más criminales y sanguinarios que hubo en América,Augusto Pinochet Ugarte. El pueblo chileno todavía no ha podido cicatrizar las profundas heridas que dejó este militar ultraderechista durante la cruel dictadura de 17 años que ejerció.

La muerte de Pinochet dejó una dulce derrota a sus fanáticos seguidores y una amarga victoria a los familiares de victimas y sufridores del régimen dictatorial. Aunque Pinochet fue procesado y encausado por los bárbaros crímenes de la “Caravana de la muerte” entre otros muchos delitos que cometió, jamás llegó a sentarse en el banquillo ni fue condenado por un tribunal por las atrocidades que cometió. El genocida pasó sus últimos días bajo arresto domiciliario, y se libró de lo que todas las personas de bien en Chile deseaban ver, a un Pinochet ante la justicia condenado culpable por los crímenes que había cometido. No se pudo hacer justicia finalmente. Un juez llamado “Tiempo” dictó sentencia antes.
Pinochet llegó al poder en 1973 después del golpe de estado que destruyó a Salvador Allende. Detrás de este golpe moviendo los hilos, como no, estaba la todopoderosa CIA, que planificó y apoyó en todo momento el derrocamiento del gobierno democrático socialista de Allende.
No contento con el poder político absoluto de Chile, Pinochet empezó una cruda campaña de represión con detenciones, torturas, y asesinatos para aniquilar a todos los opositores políticos e imponer el terror en la población que no estuviera de acuerdo con su mandato.
La terrorífica “caravana de la muerte” iba recorriendo chile en helicoptero para ejecutar a los detenidos y torturados que habían sido capturados por la policía, cuyo “delito” había sido ser socialista o comunista, o como ellos los llamaban despectivamente “Rojelios”.
Las conmovedoras declaraciones de Hugo Saavedra, detenido en la ciudad de Antofagasta, y superviviente de este holocausto, revelan la autentica barbarie:

Un día me llevaron al lugar denominado Cerro Moreno. Me sorprendió que me encontrara con Mario Silva y otras personas, como Eugenio Ruiz-Tagle y el vicerrector de la Universidad de Antofagasta, Héctor Vera. Allí permanecimos hasta fines de septiembre de 1973, lapso en el cual el único que fue torturado fue Eugenio. El traslado a la cárcel de Antofagasta se hizo en un camión sin baranda, un trayecto que se hizo lento y los militares nos pusieron un pie en la cabeza y nos apuntaban con la metralleta para que toda la ciudad se diera cuenta de lo que pasaba”
Los militares nos sacaban de la cárcel para llevarnos a distintos lugares para ser interrogados en base a torturas. Quedábamos muy deteriorados por los golpes y la mala alimentación. Con quien más se ensañaban era con Eugenio Ruiz-Tagle y Mario Silva. En cada oportunidad que los sacaban volvían con los cuerpos como bolsas debido a los golpes de puño, palos y con elementos de goma…
El 18 de octubre, en horas de la noche, hubo mucho ajetreo en la cárcel, razón por la cual y a pesar de mi deteriorado estado de salud, me levanté y pude mirar a través de un orificio, como los militares sacaban desde la celda del frente a la mía a un detenido, Nelson Cuello, funcionario de Corfo, subordinado de Silva. Lo sacaron en andas por el hecho de que, posteriormente, supe que, durante la tortura, en el interrogatorio, le había quebrado la espina dorsal…

Los cuerpos de los ejecutados eran enterrados en fosas comunes ocultas o lanzados al mar para hacerlos desaparecer sin dejar rastro de ellos.
Pinochet durante su dictadura saqueó las arcas del estado chileno, mientras la población sufría una política neoliberal que disminuía el gasto público y social, y privatizaba amplios sectores económicos en beneficio de la inversión de capital extranjero.
El régimen pinochetista fue rechazado por la amplia comunidad internacional debido a su crudeza, aunque el apoyo americano siguió en la sombra. Pinochet no viajó mucho fuera de Chile, aunque una de sus salidas fue para venir a España al entierro de su amigo y admirado Franco, y de paso despachar con su sucesor y heredero en la jefatura del estado, Juan Carlos de Borbón.
También se ganó el afecto de la “dama de hierro” Margaret Thatcher, por el apollo que Pinochet hizo al Reino Unido en la guerra de las Malvinas. Despues del llamado Plebiscito, se produjeron las primeras elecciones democráticas después del golpe, y en 1990 dejo el poder, aunque siguió como comandante en jefe de las fuerzas armadas hasta el 98. Ya en su final perpetuado como senador vitalicio, Pinochet viajó a Gran Bretaña para realizarse un chequeo médico. Pero para sorpresa de todos fue arrestado por la petición que realizó el juez español Baltazar Garzón a las autoridades inglesas. El gobierno chileno reclamó su extradición ya que los crímenes por los que se le acusaban fueron cometidos en Chile, y por tanto competencia de su justicia. En Chile, las victimas de la dictadura pedían que el genocida fuera juzgado en España por sus crímenes, y los pinochetistas reclamaban la vuelta a casa del dictador. Después de muchos vaivenes, fue liberado por razones humanitarias debido al “grave estado de salud” que tenía y regresó a Chile.
En Chile murió, dejando innumerables causas pendientes con la justicia, no ya sólo por sus abominables crímenes, sino por blanqueo de dinero y evasión de capital, con cuentas ocultas en Londres y posesion de 9000 Kg en lingotes de oro en Hong Kong.



  • Ninguna
  • jesusmagana76: Muchas gracias José. Es un honor para mí que una persona de tu talla que ha vivido en sus carnes el lado oscuro de la Iglesia Católica se haya mole
  • José Mantero: Muy lúcido análisis. Saludos.
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