Espacio de Jesús

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El pasado fin de semana en Madrid se volvió a celebrar por tercer año consecutivo uno de los eventos que va camino de convertirse en todo un clásico de la navidad: La Homilía-Mitin en defensa de la Familia Católica. En esta edición se han sumado a la ya amplia y vasta representación jerárquica española, un nutrido grupo de curias de otros países como Alemania, Italia, Irlanda o Francia, con sus correspondientes fieles acompañando a pie de calle.

Pero no voy a hablar de lo que ya casi todo sabemos sobre esta “celebración” en defensa de la familia y contra los “ataques” que le proferimos la sociedad que no comulga con sus ideas.
¿Quién está realmente detrás de este acto?, ¿Quién mueve los hilos?, ¿Rouco Varela?, ¿La Conferencia Episcopal?, ¿El Vaticano?…No. La encargada de que estos últimos años se lleve a cabo esta celebración y de que se llenen las calles de la capital de feligreses es una de las sectas católicas con más auge en la actualidad y a su vez menos conocidas: El Camino Neocatecumenal.

El Camino Neocatecumenal no es ninguna orden o congregación católica propiamente dicha. Se define dentro de la Iglesia como una Institución que realiza un “itinerario de iniciación cristiana posterior al bautismo o para recibir este sacramento”. Hablando en “cristiano”, lo que es lo mismo, el Camino Neocatecumenal no es más que una secta católica que se dedica al proselitismo para captar nuevos adeptos a la causa. El ideólogo del Neocatecumenalismo no podría ser ni más ni menos que otro iluminado español, Francisco Argüello (Kiko para los amigos), que sin ser clérigo va camino de convertirse en el nuevo Escrivá de Balaguer.
Pero, ¿Cómo un seglar como Kiko Argüello puede tener al Papa y a medio Vaticano comiendo de su mano?, ¿Por qué despierta a su vez recelo y desconfianza dentro de otro amplio sector de la Iglesia?. Los siguientes puntos son importantes para dar respuesta a estas preguntas.

Kiko Argüello, a diferencia de Escrivá con el Opus o Maciel con los Legionarios, se dedicó a “evangelizar” personas pobres y humildes. Este sector de la población poco explotado por la Iglesia se convirtió en un filón de oro para Kiko y sus compadres. Lo que comenzó como un proceso de “cristianización” sobre barrios y zonas marginales en España, se fue extendiendo poco a poco con ordas de catequistas por todo el mundo, predicando las doctrinas más radicales de la Iglesia Católica y la versión más integrista y fundamentalista de los evangelios y la biblia. Si bien las clases elitistas del Opus y la Legión nutrían las arcas de sus sectas y de la Iglesia, además de dar control y poder, estas en número de efectivos eran escasas (obviamente hay más pobres que ricos). El mantenimiento de la Iglesia pasaba también por controlar y mantener a esa extensa y amplia clase media-baja, que es muchísimo mayor en número que las anteriores.

Pero, de los pobres, de los desfavorecidos, de los desheredados de nuestra sociedad, … ¿No se encargaban los misioneros cristianos?. Misioneros Franciscanos y Jesuitas, Monjas de ordenes como la de San Vicente de Paul, Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa, etc…, siempre han conformado esa parte de la Iglesia Católica que muchos hemos considerado como la verdadera Iglesia, la que Jesucristo querría que fuera. El Vaticano siempre se ha aprovechado mucho de la imagen de estos misioneros y monjas y de su gran labor humanitaria, colgándose los mismos jerarcas la medalla de que gracias a ellos toda esta ayuda es posible (cuando es todo mentira).

Entonces, si la Iglesia tenía ya a evangelizadores que ayudaban a las clases bajas, ¿Cómo se permite a los Kikos entrar de lleno en su propio territorio?. La explicación es muy fácil. Leyendo el siguiente artículo todo cuadra:

Kiko, un santo en camino

Las autoridades de la Curia se alarman ante el predicador itinerante, laico para más inri, que convierte a miles de fieles y funda comunidades con el mismo ardor apostólico que el mismísimo Pablo de Tarso. En 1984, el guardián de la ortodoxia, cardenal Ratzinger, llama a su palacio a dos barbudos. Uno es un franciscano, líder de la Teología de la Liberación y abanderado de los pobres: Leonardo Boff. El otro, un laico, creador de un nuevo método de recristianización: Kiko Argüello.

Pero mientras Boff y su teología salen excomulgados del despacho, Kiko y su Camino encuentran en él la bendición de Roma. Juan Pablo II y su mano derecha teológica se dan cuenta de que tienen ante sí al fundador de la Teología de la Liberación domesticada, de su versión amable y eclesialmente correcta. El Papa acaba de lanzar su nueva evangelización y, para difundirla, necesita huestes bien preparadas y numerosas. No puede contar con jesuitas ni dominicos ni demás congregaciones que luchan más por sacar a la gente de la pobreza que por hablarles de Cristo. Sus nuevas legiones serán los movimientos neoconservadores.

El cardenal Ratzinger hace el diseño y marca el programa de sus nuevos guerrilleros. Mientras al Opus Dei y a los Legionarios de Cristo les ecomienda las clases altas y las elites, a los carismáticos y, sobre todo, a los neocatecumenales de Kiko les reserva la gente sencilla, el sector donde se juega el futuro de la institución. Además, los kikos tendrán otra misión: servir de muro de contención al avance de las sectas protestantes en Latinoamérica.

La bendición de Ratzinger y del Papa da alas a los seguidores de Kiko, que en dos lustros duplicaron sus efectivos y a finales del siglo XX rozaban el millón de miembros. Y eso que no es fácil ser kiko. Todo el que entra sigue un proceso de formación de 10 años como mínimo y 30 como máximo que consta de cinco etapas: el kerigma, el precatecumenado, el catecumenado postbautismal, la elección y renovación de las promesas bautismales y la familia de Nazaret, imagen del camino neocatecumenal.

A pesar de ser largo y comprometido, no son muchos los que desertan.«Se crea una dependencia psicológica con la comunidad, no en vano, los catequistas conocen tus más íntimos pensamientos revelados en las confesiones públicas, y Kiko repite sin cesar: “Si te vas, la sangre de Cristo caerá sobre ti”. Hay un control total de las emociones de las personas y utilizan la culpabilidad y el miedo», dice un ex miembro que, a duras penas, ha conseguido rehacer su vida.

Pero Kiko también tiene «muchos enemigos, incluso dentro de la propia Iglesia», recuerda. Y enemigos de peso, a los que en el Camino se les llama faraones. Como el difunto primado de Inglaterra, cardenal Hume o los cardenales italianos Saldarini, Pappalardo y Piovanelli. O el mismísimo cardenal Martini, arzobispo emérito de Milán, en cuya diócesis nunca han podido entrar. Los detractores más viscerales del Camino tachan a sus miembros de integristas.Otros critican su afán proselitista. Pero las críticas más serias son las referidas a su ser y su misión. Según el arzobispo emérito de Cuenca (Ecuador), Luis Alberto Luna, en el Camino hay «una constante separación entre conciencia y realidad social», una «lectura fundamentalista de la Biblia», una «visión moralista rigorista de la vida que lleva desde el individualismo satisfecho por el mecánico cumplimiento de los mandamientos a un acomodo a injusticias institucionales, políticas y profesionales».

Creo que después de haber leído esto a uno le queda bastante claro lo que son los Kikos y la razón de su éxito. El futuro de la Iglesia Católica pasa por el control de la gente humilde, que son las más numerosas. A los jerarcas Católicos no les interesa el trabajo de ayuda humanitaria que realizan los misioneros y monjas, solamente les viene bien de cara a la galería y a la hora de lanzar campañas publicitarias. Al Vaticano lo que le interesa es que su mensaje integrista y fundamentalista católico sea esparcido por estas clases bajas, y sembrar así las semillas que germinaran en el futuro dando continuidad a sus dogmas e ideario moral cada vez más desfasado, rancio, caduco y alejado de la realidad social. Los Kikos son la última esperanza de la Iglesia Católica para seguir anclado en sus arcaicas posturas y no desaparecer.
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Siempre he pensado que esto de los premios cinematográficos no son más que puro marketing para vender películas. El cine español nunca ha sido santo de mi devoción, y salvo algunas excepciones, las películas españolas en general me parecen bastante “sexuales” y aburren hasta las ovejas. Llevaba ya tiempo escuchando hablar de la famosa película “Camino”, de Javier Fesser (el hermano del de Gomaspuma). La película por lo visto arrasó en los premios Goya, y surgieron bastantes críticas de la Iglesia en torno a ella. Entonces pensé, que si la Iglesia estaba indignada con la película, algo de la realidad tendría que reflejar para que clamaran tanto al cielo…
Y efectivamente, después de verla, llevaba razón. El film está inspirado en la vida de la niña Alexia González Barros, perteneciente a una familia del Opus Dei, que falleció a mediados de los 80 tras padecer una grave enfermedad. La valentía y fortaleza con la que afrontó la niña su desgracia hizo que se iniciara un proceso de beatificación hacia su persona. Aunque la película como digo, está inspirada en este caso, no quiere decir que todo lo que aperece coincida con la realidad de lo que verdaderamente le sucedió a esta joven adolescente. Pero una cosa si refleja la película, verdad como la vida misma, y es la realidad del Opus Dei, que para mí y otras muchas personas es una de las Sectas religiosas con más poder que existen en el mundo. Se muestran unos detalles impresionantes, de como es la vida y “obra” de los componentes de esta secta. El sometimiento, el proselitismo, la coacción, la anulación de la persona como individuo, la censura, el diezmo, el sentimiento de culpabilidad, la santificación del trabajo, el alejamiento de la familia carnal, la castidad, el machismo y la denigración de la mujer, el autolesionarse a sí mismo para causarse dolor, el culto a la figura de Escrivá de Balaguer, etc, etc. son aspectos que la película refleja fielmente, sobre todo en la figura de la hermana de la protagonista (numeraria del Opus). El contrapunto a todo este despropósito lo pone la figura del Padre, una persona con los pies en la tierra, que no acepta como la Madre que la enfermedad de su Hija sea un “regalo de Dios” y que “Jesús tiene planes mejores para su hija”, y que siente y padece todo el proceso de una manera realista, aunque claro, los demás le decían que era un hombre de “poca fe”. No quiero contar las escenas de la película en la que todo esto aparece, porque merece la pena verla uno mismo y sacar sus conclusiones. El desenlace es conmovedor, apoteósico, y toca mucho la fibra sensible. Sin duda puedo decir que ha sido una de las mejores películas que he visto en mi vida, y española¡¡¡¡¡

http://www.youtube.com/v/6UhZZn3cEOs&hl=es&fs=1&color1=0x006699&color2=0x54abd6



  • jesusmagana76: Muchas gracias José. Es un honor para mí que una persona de tu talla que ha vivido en sus carnes el lado oscuro de la Iglesia Católica se haya mole
  • José Mantero: Muy lúcido análisis. Saludos.
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