Espacio de Jesús

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Siempre que se habla de la segunda guerra mundial o de la Alemania Nazi el primer nombre que se nos pasa por la cabeza es el de Adolf Hitler. Él fue el gran cerebro e ideólogo del partido nacionalsocialista de los trabajadores alemanes, sin embargo,Hilter por si sólo no hubiera podido llevar a cabo sus maquiavélicos y escabrosos planes sino se hubiese rodeado de una serie de individuos con unas características inhumanas similares a las suyas. Y uno de estos personajes, que la historia parece muchas veces haber olvidado, es sin duda Heinrich Himmler.Detrás de su apariencia débil que a primera vista no inspiraba ningún miedo, Himmler escondía a un verdadero demonio, a un ser macabro y morboso capaz de lo peor que se le puede pasar por la cabeza a un hombre. Los historiadores coinciden en que las virtudes que hicieron escalar dentro del Nazismo a Himmler hasta convertirse en el brazo derecho de Hitler fueron sus habilidades organizativas y administrativas. Sus grandes dotes burocráticas sin embargo contrastaban con su pésima astucia militar, por la cual el ejército nazi salió derrotado en numerosas batallas bajo su mando. Himmler a pesar de educarse en un ambiente católico, se convierte en una persona mística y afín al esoterismo después de ingresar en el partido nazi. Se creía la reencarnación de Enrique I que lucho contra los eslavos, y como todo buen nazi sentía devoción por Hitler, al que consideraba como un mesías.
El primer cargo de relevancia que ostentó Himmler fue el de delegado del Reichfürer de las SS (1927), pasando años después a ser el máximo responsable de esta facción del ejército del partido nazi (1929). Hitler lo nombra Jefe de la Policía alemana (1931), teniendo así bajo su mando tanto a las SS como a las SA (que era la otra organización militar dentro del partido nazi). Después se convertiría en el Jefe de la policía secreta alemana, la famosa Gestapo. Finalmente fue ministro del interior y comandante de los ejércitos del Vístula antes de su muerte en 1945.
Las SS eran una orden fiel a Hitler. La fidelidad que profesaba Himmler hacia el führer era tal que decía “Si Hitler me pidiera que dispara a mi madre, lo haría”. Las SS no eran para los nazis un simple ejercito de protección. Se consideraban como una orden de caballería, formada por hombres altos de pelo rubio y ojos azules. Himmler impuso a sus subordinados severas reglas sobre el matrimonio para engendrar una raza pura que tuviera las virtudes germánicas y arias de sus progenitores. Ningún miembro de las SS podía casarse con una mujer sin haber sido investigada antes su línea genealógica . Esta tarea era realizada por la llamada Oficina de la Raza que supervisaba Himmler.La mujer no se consideraba como a una persona, sino como un objeto de fecundidad encargado de engendrar a los futuros guerreros del reich. El alocado objetivo de Himmler era así el de crear una raza superior destinada a dominar Alemania y el mundo, la creación del “superhombre”. Pero este ideal de las SS cambiaría totalmente en 1943 debido a la perdida de efectivos durante las numerosas campañas de guerra. Himmler empezó así a reclutar para las SS bosnios musulmanes, que estaban dispuestos a todo. Tenía admiración hacia los musulmanes por su valentía y temeridad.
Himmler fue el verdadero artífice intelectual del genocidio judío. Hitler le dio total libertad para que actuara en lo que llamó la “solución final” del problema judío. Himmler organizó exhaustivamente los campos de concentración y a los grupos de las SS encargados de arrestar a los judíos y llevarlos hacia estos. Los campos de concentración contaban con millones de personas detenidas que Himmler utilizaba como esclavos para mano de obra en la industria bélica . El más conocido fue el de Auschwitz, donde Himmler una fabrica para la producción de caucho. Los prisioneros judíos estaban obligados a trabajar como esclavos hasta la muerte. Otros eran exterminados directamente en las cámaras de gas. Pero Himmler no solo exterminaba a los judíos , también los utilizaba como rehenes para intercambio de prisioneros alemanes atrapados en otros países o para negociar su libertad a cambio de grandes cantidades de dinero. Se calcula que al final de la guerra pudieron ser aniquilados más de seis millones de judíos a las ordenes de Himmler.
Pero aquí no terminan ni mucho menos las atrocidades que cometió Heinrich Himmler. Creó y dirigió bajo su mando otras dos instituciones que no le iban a la zaga a los campos de concentración, el “Instituto para la investigación y estudio de la herencia” y la “Comisión para la curación y el cuidado del reich”. En la primera, los médicos nazis estaban autorizados por Himmler para realizar todo tipo de experimentos sobre los prisioneros judíos y de otras razas, cuya crueldad y falta de rigor científico eran inimaginables. En la segunda, la finalidad era eliminar a toda persona que tuviera cualquier defecto físico o psíquico mediante inyecciones letales en centros hospitalarios y directamente en cámaras de gas. Himmler también creó el “Centro del reich para la lucha contra la homosexualidad y el aborto”.
La fidelidad que mostró siempre Himmler hacia el fuhrer tornó radicalmente en 1945. Intentó negociar con los aliados una salida para la guerra a espaldas de Hitler, y se entrevistó con los altos cargos de las SS para sucederle en el caso de que el fuhrer muriera. Cuando Hitler se enteró de esto además de la liberación de judíos hacia Suiza que estaba haciendo Himmler, este lo relevó de todo mando y lo condenó a muerte. Con la guerra perdida y Berlin tomada, Himmler intentó huir haciéndose pasar por un policía militar con otra identidad y cambiando su aspecto físico, pero una unidad del ejercito británico lo detuvo y lo identificó. Antes de que pudiera ser interrogado, este se tomó una capsula de cianuro y se suicidó.
Este fue Heinrich Himmler, el segundo hombre más poderoso del nazismo, el verdadero ejecutor de la ideología nazi.

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Los sombreros más universales se fabrican en la localidad sevillana de Salteras, famosa por sus carnes a la brasa y por ser el pueblo que vio nacer al torero Manuel Jesús, El Cid. Sin embargo, no es muy conocido que la centenaria fábrica (1885) no sólo produce los conocidos sombreros andaluces de ala ancha o las monteras de la mayoría de los matadores de toros; el fuerte de su negocio son las exportaciones a los cinco continentes y, en concreto, de los modelos para los judíos, de los que acaparan el 60% del mercado mundial (12.500 unidades vendidas en 2006). Miles de fieles hacen sus plegarias frente al Muro de las Lamentaciones, en Jerusalén, aristócratas y gentes VIP se pasean en las carreras de caballos de Ascott, en Reino Unido, con cientos de sombreros que llevan impreso en la badana made in Sevilla. Los usan el príncipe de Gales, la infanta Elena y, antes, sir Winston Churchill. La gran expansión internacional de la firma Fernández y Roche en el mercado judío ocurrió hace 20 años. Un buen día se presentó en la vieja fábrica de la sevillana calle Castellar Mr. Ehrman, el mayor distribuidor de sombreros norteamericano bajo la firma Kova Quality Hatters. Debía atender a toda la comunidad judía de Estados Unidos y se había quedado sin proveedor. Hasta entonces se abastecía con los tocados de la firma italiana Borsellino, pero la calidad de esta factoría había bajado de nivel. Alertado por las altas prestaciones de la fábrica de la marca Fernández y Roche, decidió convertirla en su nuevo fabricante y así dar paso de forma involuntaria a que un producto salido de manos sevillanas se pasease sobre millones de cabezas del mundo. Corría el decenio de 1980 y el actual director de ISESA (Industrias Sombrereras Españolas S.A., que aglutina a la casa hispalense desde 1930) Miguel García Gutiérrez, 30 años, andaría por su barrio dándole patadas a un balón, sin saber que este estadounidense le estaba abriendo la puerta comercial de los cinco continentes. Ahora trata con clientes de Inglaterra, Francia, Israel, Japón, Estados Unidos o Finlandia, y busca mercados en América del Sur y una mayor presencia en el país nipón. A pesar de su insultante juventud, García se está haciendo duro en el mundo de los negocios y afirma, después de la experiencia, que la comunidad judía «es tremendamente fiel y honrada a la hora de pagar, pero excesivamente dura a la hora de negociar. Muchas veces se salen con la suya, son duros como piedras». Hay que hacerlo todo mucho más que perfecto. El sombrero negro (señal de respeto a Dios para los judíos y rabinos) no puede tener la más mínima variación en el color. En una ocasión, el tinte que se emplea en el proceso de fabricación dio otro tono en el resultado final, «apenas imperceptible para la mayoría de los mortales, pero no les pareció correcto y rechazaron el pedido», recuerda García. Esta comunidad, que es extremadamente rigurosa con su religión, sus hábitos de vida y sus costumbres, también lo es con sus proveedores. Si el ala del sombrero varía unos milímetros, o el peso unos gramos, vuelta a empezar. Los sombreros para judíos y rabinos ortodoxos se clasifican en tres grandes familias: Clergy, Welt Edge y Snap Brim. El primero de ellos lo utilizan los rabinos; el segundo, los judíos en general, y el tercero digamos que es un sombrero parecido al Welt Egde pero con un ala más ancha. A partir de ahí, existe una inmensa ramificación de estas tres categorías en función del peso, talla, forma del casco y anchura de las alas. Los judíos son muy perfeccionistas y en la fábrica de Sevilla han encontrado un potencial de trabajo serio, fino y riguroso, empezando por su director. «Me he tenido que poner las pilas y pasar muchas horas a pie de fábrica con los operarios aprendiendo absolutamente todo. No me había puesto un sombrero en mi vida y lo uso en pocas ocasiones, aunque da un toque de elegancia a quien lo sabe llevar bien», puntualiza este licenciando en la Escuela Superior de Ingenieros de la Universidad de Sevilla. En su fábrica todo se controla al detalle, desde que se desembalan los fajos de pelo hasta que los paquetes se montan en el camión para el envío. Lo primero que hay que hacer es el fieltro del sombrero con el pelo animal. Ahí radica una de las grandes diferencias, el valor añadido de esta empresa frente a otras factorías que compran los fieltros. Y cada sombrero se hace de una pieza, no se parchea absolutamente nada.

Fuente: Magazine El Mundo



  • jesusmagana76: Muchas gracias José. Es un honor para mí que una persona de tu talla que ha vivido en sus carnes el lado oscuro de la Iglesia Católica se haya mole
  • José Mantero: Muy lúcido análisis. Saludos.
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