Espacio de Jesús

Archive for the ‘hikikomori’ Category

Las culturas orientales siempre se han diferenciado enormemente de los patrones occidentales que conocemos y en los que nos hemos desarrollado durante siglos. A mi siempre me ha fascinado la dualidad y los contrastes que presenta la cultura japonesa. Por un lado vemos a Japón como potencia económica mundial, con un estilo de vida dedicado al trabajo, a la productividad y al desarrollo tecnológico. Pero por otro esta la Japón misteriosa, la de los ritos ancestrales, la de las tradiciones milenarias, la de las geishas, la de los sumotoris…
Hace tiempo escuche hablar sobre un fenómeno que se está dando cada vez más en Japón, que seguro que muchos de vosotros conoceréis, y que es exclusivo de este país (o no). Son los llamados Hikikomoris.

Jóvenes japoneses reclusos en su cuarto

Han crecido en una de las sociedades más ricas del mundo. Desde la más tierna infancia sus padres les han proporcionado todo lo que han querido y más. Pero no tienen amigos y muchos son hijos únicos. No hablan con nadie, ni siquiera con sus padres. No se interesan por nada. El mundo exterior no cuenta para ellos. Están encerrados en su cuarto. Se trata de un fenómeno que afecta a un creciente número de jóvenes japoneses desde los 13 a los 30 años. Se les conoce con el apelativo de hikikomori, que en japonés puede significar: inhibición, reclusión, aislamiento. La mayoría son (o han sido) estudiantes brillantes que no han podido sobrellevar el estrés de las exigencias y requerimientos de una sociedad competitiva. Su cuarto está abarrotado de aparatos de todas clases: televisor, PlayStation, DVD, ordenador, teléfono móvil (que ahora no usan). Se pasan la noche jugando con el ordenador(videojuegos) o viendo televisión, y durante el día duermen. La mayoría son pacíficos, pero no todos. El inesperado –y con frecuencia repentino– retiro silencioso de chicos y chicas normalmente alegres, inteligentes y sociables, es de los misterios más desconcertantes de la sociedad japonesa de hoy. Miles de adolescentes y jóvenes se recluyen herméticamente en su cuarto, apartándose del mundo exterior. Como ocurre con frecuencia en los trastornos psíquicos de conducta, su estado no se debate abiertamente. Pero el fenómeno es objeto de documentales televisivos, artículos de prensa y reportajes, así como de más de treinta libros. Ellos tampoco quieren que se conozca y si los padres tratan de procurarles ayuda, se rebelan de forma violenta o amenazan con suicidarse. La mayoría permanecen literalmente encerrados, sin contacto con el exterior. Otros salen de vez en cuando de sus casas por breve tiempo, casi siempre de noche, rehúsan trabajar y evitan todo tipo de trato social. Según datos estadísticos oficiales, el 41% de ellos viven como reclusos entre uno y cinco años. En 2002 se registraron 6.151 casos en 697 centros de salud. De todos modos,estas cifras no son en absoluto exhaustivas, porque la inmensa mayoría de los casos no se hacen públicos. Bastantes sufren enfermedades mentales como depresión, agorafobia o esquizofrenia, pero los expertos dicen que la gran mayoría de estos “reclusos” se encierran durante seis meses o más sin mostrar ninguna otra señal de trastorno neurológico o psiquiátrico. Los expertos estiman que el total de afectados supera el millón, lo que puede parecer exagerado. Pero mientras no se lleve a cabo un estudio más detallado de la cuestión, esas cifras son por el momento tan difíciles de probar como de refutar. Entre las diversas razones que dan para explicar este fenómeno, muchos expertos coinciden en que una de las principales es el descenso de la natalidad (el índice de fecundidad es de 1,3 hijos por mujer). El reducido número de nacimientos significa que cada vez más familias tienen un solo hijo, en el que ponen todas sus esperanzas. Por otra parte, estos jóvenes crecen sin un modelo de conducta masculino, porque sus padres están siempre fuera del hogar debido a las largas horas de permanencia en la empresa que les exige su trabajo, si quieren conservar su puesto. Además, la llamada “cultura de la vergüenza” –típica de Japón– hace que la gente esté pendiente de cómo son percibidos por otros, si tienen algún problema de ajuste en su grupo social. “Un blanco en el currículo equivale a suicidio social. Una vez que te has separado del grupo en esta sociedad enfermiza –dice una de las víctimas, que ha logrado recuperarse– no hay forma humana de volver. Hikikomori no es una enfermedad propiamente dicha, sino una condición social. Mientras Japón no se convierta en un lugar más fácil para vivir, el número no disminuirá”. La riqueza de Japón hace posible el fenómeno de aislamiento social. Tanto a los adolescentes como a los jóvenes (conocidos con el apelativo de solterones parásitos) los mantienen sus padres. “Cuando yo era joven nadie se libraba de ir a trabajar. Ahora las familias tienen dinero suficiente y los hijos no necesitan encontrar trabajo enseguida”, dice Hiromi Ohno, cuyo hijo vive encerrado en su habitación y a quien apenas ha visto en siete años. Ella y su marido han decidido no pasarle por debajo de la puerta de su cuarto un sobre con 50.000 yenes de asignación mensual, como venían haciendo desde hace años, para ver si así sale de su “nido”. En Japón es fácil vivir entre cuatro paredes, dice Seiei Muto, de Tokyo Mental Health Academy, y con el descenso de la natalidad los niños juegan solos, comen solos, estudian solos. Muto y otros dicen que en Japón hay un deterioro efectivo de la capacidad de comunicación. El incremento del anonimato, sobre todo en las grandes ciudades, y el colapso de la mutua cooperación entre vecinos son los factores principales. También hay quienes piensan que el problema tiene profundas raíces históricas y culturales. “Japón es un país rico, pero los japoneses carecemos de identidad y nos falta confianza y habilidad para comunicar con otros –dice Tadashi Yamazoe, profesor de psicología clínica en Kyoto Gakuen University, en una entrevista publicada en The Japan Times–. Los japoneses tienen en general una personalidad pasiva”. Pero otros muchos dicen que hikikomori es un fenómeno moderno que evidencia la gran brecha generacional entre los que con su trabajo abnegado pusieron las bases y construyeron el éxito económico de posguerra y sus hijos, que no quieren y ni siquiera pueden ya lograr el empleo vitalicio de sus padres, en la presente estructura económica del país.

Buscando información audiovisual sobre este fenómeno encontre en Youtube este documental del canal temático Odisea que os pongo aquí para el que desee verlo. La verdad es que es realmente impactante ver al primer joven que está encerrado en un cuarto lleno de basura al más puro estilo síndrome de Diógenes, y lavándose según cuenta su madre cada seis meses. En el segundo caso que ponen, el joven llevaba 4 años encerrado en el cuarto después de haber terminado sus estudios universitarios, sin tener contacto físico ni verbal con su madre (la madre decía que sabía que su hijo estaba vivo porque escuchaba crujir la madera de la habitación). También el detalle de que para grabar el documental todas las familias pedían la más absoluta discreción para que ningún vecino se percatase de que ocurriera algo fuera de lo normal. Uno de estos jóvenes accedió a ser entrevistado, cosa que rara vez ocurre y que para su familia fue todo un progreso.
Después de analizar así por encima este fenómeno, ¿Creéis que es exclusivo de los jóvenes japoneses?¿Quiénes son los responsables?¿los padres?¿los hijos?¿el entorno social?. Yo pienso que no, que estos casos se pueden dar también en países como el nuestro, pero son bastante aislados o desconocidos por lo general. Aquí a lo mejor los jóvenes no llegan a situaciones tan drásticas como las descritas antes, pero si es verdad que muchos caen en depresiones y no salen de casa de sus padres por el desánimo que tienen ante una sociedad que no le da oportunidades de trabajo e independizarse para formar una familia (o vivir solos). Después están también los que no se van de sus casas, pero no por estos motivos, sino porque aun teniendo trabajos y posibilidades, prefieren la comodidad de seguir siendo los “niños de papa” y que les tengan la comida preparada y la ropita limpia y planchada…(de esto tienen más culpa los padres que los hijos).
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  • jesusmagana76: Muchas gracias José. Es un honor para mí que una persona de tu talla que ha vivido en sus carnes el lado oscuro de la Iglesia Católica se haya mole
  • José Mantero: Muy lúcido análisis. Saludos.
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