Espacio de Jesús

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“La diferencia entre el pasado, el presente y el futuro es sólo una ilusión persistente.” (Albert Einstein)

Cada uno de nosotros tiene más o menos claro un concepto de lo que es el tiempo en base a definiciones previas y las experiencias personales que nos denotan el transcurrir de este a lo largo de nuestra vida.
Pero si abandonamos y dejamos de lado por un momento todos estos prejuicios de lo que es el tiempo, podemos llegar en pocos pasos a la conclusión de que el tiempo no existe. Esto es algo chocante para nuestra lógica en principio…¿Cómo no va a existir el tiempo?, y si no existe el tiempo ¿Qué pasa con el presente, el pasado y el futuro que todos vivimos?, ¿Tampoco existen?. Visto desde esta perspectiva parecería una locura afirmar que el tiempo no existe.
En primer lugar nos planteamos, ¿Sabemos qué es realmente el Tiempo?. Desde que el ser humano desarrolló su capacidad de razonar y cuestionar, el tiempo siempre ha sido una cualidad intrínsecamente asociada al movimiento. Definimos nuestro tiempo en base al movimiento de las cosas. ¿Qué es si no un día o 24 horas?. Pues es ni más ni menos que un giro o vuelta completa de la tierra realizada sobre sí misma, tomando como referencia su eje.
¿Qué pasaría si hace 1.000 millones de años la tierra girase sobre sí misma al doble de velocidad que lo hace actualmente?. ¿Significaría que el día duraba sólo 12 horas?. Imaginemos que en el universo nada se moviera. ¿Cómo podríamos definir el tiempo?, ¿Sobre que referencia se podría medir?. Sería imposible.
Einstein revolucionó la visión de nuestra cosmología al afirmar que el tiempo (o nuestro concepto de tiempo) no era absoluto. Hoy día muchos físicos se cuestionan verdaderamente la existencia del tiempo, e incluso la del movimiento.
El tiempo puede ser una ilusión de nuestro cerebro. Es algo difícil de asimilar, pero parece ser que esto es así. Algo que siempre me ha llamado la atención con el paso de los años es la sensación subjetiva de “aceleración del tiempo”, es decir, que cuanto mayor me hago, la sensación de que el tiempo va más rápido es mayor. Y por lo que he comprobado no es algo que me ocurra a mí. Este fenómeno psicológico le ocurre a todos los seres humanos. No existen explicaciones certeras sobre el por qué nos ocurre esto, aunque todas las hipótesis se basan en el procesamiento que nuestro cerebro realiza sobre la información que obtenemos del exterior y sobre nuestros estados de ánimo.
Cuando éramos niños, un mes era muchísimo tiempo, y el transcurrir de un año a otro ya casi una eternidad. Sin embargo para los adultos, un mes pasa enseguida, y los años caen uno detrás de otro sin darnos cuenta. Algunos señalan que estas diferencias subjetivas se deben a que cuando somos pequeños y tener tan pocos años de vida, nuestras referencias temporales son aún muy reducidas. En un niño que ha vivido 7 años, el marco de referencia de un año es mucho más amplio y mayor en comparación con una persona que ha vivido 70 años. Gráficamente sería como si tomáramos una línea que representara el total de nuestra vida dividida en segmentos de tiempo relativo. La referencia subjetiva del tiempo sería mucho mayor en las personas que menos tiempo han vivido en comparación con las de mayor edad, en la que las escalas subjetivas de tiempo serían mucho menores y en consecuencia el tiempo parecería pasar más rápido.

Otro ejemplo de que nuestro cerebro procesa el tiempo de manera subjetiva lo tenemos en la sensación de que este transcurra más o menos rápido en función de lo que estemos haciendo y en nuestro estado de ánimo. Cuando por ejemplo estamos esperando a alguien sin hacer nada, el tiempo parece transcurrir más “lento”. Miramos el reloj una y otra vez, y parece que llevamos una eternidad esperando cuando a lo mejor no llevamos ni 10 minutos. Pero si nos ponemos en la piel de la otra persona que va a la cita y que está conduciendo un coche, el tiempo para esta pasa a mayor velocidad. Mientras conduce mira el reloj y ve que este pasa rápido y que por mucho que haga no va a llegar a la cita a tiempo.
Por regla general cuando nos aburrimos el tiempo parece pasar más lento, y cuando nos divertimos o hacemos cosas interesantes el tiempo se nos pasa volando.
En fin, el enigma del tiempo lo seguirá siendo por poco o mucho “tiempo”…Aprovecho ahora que estamos ya al final de otro año, que se me ha pasado volando, para hablar de nuestro tiempo ¿inexistente?…No sé, no tengo tiempo…
http://www.youtube.com/v/Ztgu1W5Ns1U&hl=es_ES&fs=1&

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Zenón de Elea fue uno de los primeros filósofos que intentó demostrar que las sensaciones que percibimos en nuestro mundo son sólo ilusiones, y que no tienen nada de “real”. Llegó hasta el punto de decir que el movimiento no existe, que sólo era una mera ilusión del ser humano. Y para explicar esto que creía, ideó una serie de paradojas, demostradas matemáticamente más tarde que eran erróneas debido al mal concepto del término infinito, pero que resultaban bastante curiosas y desde luego daban lugar a la reflexión.

Aquiles y la tortuga

El gran guerrero Aquiles se dispone a realizar una carrera con una tortuga. ¿Quién ganaría?. Estaba clarísimo que el gran portentoso guerrero se llevaría de largo la victoria ante un animal de naturaleza tan lenta como una tortuga. Pero para dar emoción Aquiles se dispone a dar ventaja al galápago. ¿Seguirá ganando Aquiles?. NO. Al dar la salida Aquiles recorre la distancia que ha dado de ventaja a la tortuga, pero… esta no está¡¡¡. La tortuga ha avanzado mientras Aquiles recorría la distancia que los separaba. De nuevo Aquiles corre para dar alcance al reptil, pero cuando llega a donde estaba no vuelve a estar porque esta ha seguido avanzando mientras él intentaba recuperar el terreno perdido. En definitiva Aquiles al dar ventaja a la tortuga esta siempre estaría por delante y el grandioso guerrero jamás la podría alcanzar por más que quisiera.La piedra de Zenón
Nuestro filósofo Zenón se dispone a lanzar una piedra hacia un árbol que se encuentra a 8 metros de él. Cuando la lanza, esta tiene que recorrer primero la mitad del camino, unos cuatro metros, antes de llegar al árbol, y lo hace en un tiempo finito. Pero cuando llega a estos cuatro metros tiene que volver a recorrer la mitad, unos dos metros, en otro tiempo finito. Nuevamente cuando llega a su destino de la mitad tiene que volver a recorrer la otra mitad que le queda para llegar, es decir, uno, un medio, un cuarto, un octavo…y así infinitamente en tiempos finitos, con lo que la piedra nunca llegaría a alcanzar el árbol¡¡¡

La paradoja de la flecha

En esta paradoja, se lanza una flecha. En cada momento en el tiempo, la flecha está en una posición específica, y si ese momento es lo suficientemente pequeño, la flecha no tiene tiempo para moverse, por lo que está en el reposo durante ese instante. Ahora bien, durante los siguientes periodos de tiempo, la flecha también estará en reposo por el mismo motivo. De modo que la flecha está siempre en reposo: el movimiento es imposible.
Una de las obras filosóficas con mayor simbología y sentido metafórico es sin duda el mito de la caverna de Platón. Este mito ha sido a lo largo de la historia objeto de muchas interpretaciones y ha servido como base intelectual de obras realizadas por grandes pensadores como José Saramago (con su novela propiamente titulada “La caverna”). Incluso me he llevado la sorpresa, que cuando he ido a buscar en internet información sobre este mito, al poner en Google “Mito de la caverna”, me han aparecido páginas donde aparecía “Matrix, el mito de la caverna”. El caso es que había visto esta película hace ya unos años (sólo la primera parte) y jamás se me pasó por la cabeza que pudiera tener relación con este conocido mito, pero después recordando el argumento (bastante surrealista) me dí cuenta que efectivamente guardaba relación con la realidad virtual descrita en ella.

El mito de la caverna aparece en la República de Platón como un diálogo entre Sócrates y Glaucón (hermano de Platón), en el que el primero pretende explicar cual es la situación del hombre respecto al conocimiento y a la educación poniendo como ejemplo a unos prisioneros que viven en una caverna de una manera “muy especial”. Estos prisioneros han nacido en esa caverna y viven allí desde siempre. Se encuentran postrados y atados de pies a cabeza con la espalda pegada a un muro, de tal forma que lo único que pueden ver es el fondo de la caverna. Detrás de ese muro se encuentra un pasillo, por encima de este una hoguera, y por último la entrada de la caverna que da al mundo exterior. Por ese pasillo andan personas que portan unos estandartes con figuras de hombres y animales que son reflejados en forma de sombras en el fondo de la caverna por la luz del fuego. Estas sombras serían para los prisioneros la autentica realidad, el mundo sensible, ya que es lo único que pueden captar a través de sus sentidos. Un día uno de estos prisioneros es obligado a librarse de las cadenas que lo atan y ascender por la caverna hasta el exterior. La luz del sol le deja prácticamente ciego los primeros momentos, y este busca las sombras y los reflejos de las cosas en el agua para guiarse por este nuevo mundo que ha descubiero. Conforme sus ojos se van adaptando a la luz, contempla poco a poco el mundo exterior, la naturaleza, su variedad de colores y formas, y por último la belleza del sol. Este mundo exterior que nunca había visto antes representaría al mundo de las ideas, el que es captado por la razón. El prisionero libre no se queda solo contemplando este mundo, sino que se ve con la obligación moral de bajar otra vez a la caverna y contarle a los demás prisioneros la grandiosidad de lo que ha visto, y hacerles comprender que las sombras que ellos han estado viendo toda su vida no son la auténtica realidad, sino un engaño, representaciones falsas de esta. Pero el prisionero libre no es bien recibido por los demás cuando vuelve ni mucho menos. Consideran que está loco, se ríen de las cosas que cuenta, es más, si pudieran todos librarse de sus cadenas no sólo es que no saldrían de allí, sino que cogerían al prisionero que quedó libre y lo matarían. El prisionero libre representa la figura del filosofo, que es aquel que después de mucho sufrimiento y dolor es capaz de librarse de las cadenas que lo atan y salir al exterior para conocer el mundo de la razón, pero después vuelve al mundo sensible. La situación de los prisioneros en la caverna representa el estado ajeno al conocimiento en el que se encuentra el ser humano. Solo los que fueran capaces de pasar por el doloroso proceso de librarse de las cadenas y salir de la caverna podrían conocer el mundo de las ideas, llegar al conocimiento. Y por último la reacción de los prisioneros de querer matar al prisionero libre representaría la ignorancia, la incultura y la violencia del ser humano para Platón.
Este es el mito de la caverna tal cual lo cuenta Platón:

I – Y a continuación -seguí-, compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza.
Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas.
Ya lo veo-dijo.
Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.
– ¡Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños prisioneros!
– Iguales que nosotros-dije-, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?
– ¿Cómo–dijo-, si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?
– ¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo?
– ¿Qué otra cosa van a ver?
– Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante ellos?
– Forzosamente.
– ¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar?
– No, ¡por Zeus!- dijo.
– Entonces no hay duda-dije yo-de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados.
– Es enteramente forzoso-dijo.
– Examina, pues -dije-, qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme a naturaleza, les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y a mirar a la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si le dijera d alguien que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que entonces se le mostraba?
– Mucho más-dijo.
II. -Y si se le obligara a fijar su vista en la luz misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y que se escaparía, volviéndose hacia aquellos objetos que puede contemplar, y que consideraría qué éstos, son realmente más claros que los que le muestra .?
– Así es -dijo.
– Y si se lo llevaran de allí a la fuerza–dije-, obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado, y que, una vez llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas?
– No, no sería capaz -dijo-, al menos por el momento.
– Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería más fácilmente serían, ante todo, las sombras; luego, las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y más tarde, los objetos mismos. Y después de esto le sería más fácil el contemplar de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas y la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio.
– ¿Cómo no?
– Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol en su propio dominio y tal cual es en sí mismo, lo que. él estaría en condiciones de mirar y contemplar.
– Necesariamente -dijo.
– Y después de esto, colegiría ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían.
– Es evidente -dijo- que después de aquello vendría a pensar en eso otro.
– ¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les compadecería a ellos?
– Efectivamente.
– Y si hubiese habido entre ellos algunos honores o alabanzas o recompensas que concedieran los unos a aquellos otros que, por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban y acordarse mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían pasar delante o detrás o junto con otras, fuesen más capaces que nadie de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder, ¿crees que sentiría aquél nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes gozaran de honores y poderes entre aquellos, o bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que preferiría decididamente “trabajar la tierra al servicio de otro hombre sin patrimonio” o sufrir cualquier otro destino antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?
– Eso es lo que creo yo -dijo -: que preferiría cualquier otro destino antes que aquella vida.
– Ahora fíjate en esto -dije-: si, vuelto el tal allá abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas, como a quien deja súbitamente la luz del sol?
– Ciertamente -dijo.
– Y si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando acerca de las sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad -y no sería muy corto el tiempo que necesitara para acostumbrarse-, ¿no daría que reír y no se diría de él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no matarían; si encontraban manera de echarle mano y matarle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?.
– Claro que sí -dijo.
III. -Pues bien -dije-, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del. sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma hasta la. región inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tú deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea del bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública.
También yo estoy de acuerdo -dijo-, en el grado en que puedo estarlo.

¿Se podría afirmar que el hombre hoy día sigue viviendo en esta metafórica caverna que describió Platón?,¿Se podría decir que si no fuésemos obligados a pensar por nosotros mismos, a entrar en ese mundo de las ideas, permaneceríamos siempre en la ignorancia, la incultura y la violencia?, ¿Se podría comparar la figura de aquellos hombres que portaban los estandartes por el pasillo de la caverna con los representantes políticos, con los líderes religiosos y con los medios de comunicación?,¿Se podrían asemejar las sombras de las figuras en el fondo de la caverna con toda la falsa realidad que estos anteriores (políticos, religiosos, periodistas) nos quieren hacer ver, como los ideales políticos, los valores religiosos o las verdades absolutas?, ¿Se podría equiparar al prisionero libre con aquel que hoy día es capaz de rebelarse, cuestionar al poder, ir a contracorriente de todos, y que es catalogado por su osadía como un loco?, y por último, ¿Se podría definir a esa caverna como el mundo en el que vive la inmensa mayoría de la población, el mundo de la ignorancia, el mundo de la pobreza, el mundo del sufrimiento y de la esclavitud….y el mundo exterior de la metáfora como el mundo de unos pocos, como el mundo de los privilegiados, como el mundo de los poderosos, como el mundo de la riqueza y la libertad?

Cuantas veces nos hemos hecho la pregunta, ¿está nuestro futuro escrito?, o por el contrario, ¿todo lo que nos pasa es producto del azar?. Las respuestas, son cuestión de gustos y creencias. La ciencia desde sus inicios siempre fue determinista hasta nuestra era contemporánea. Partía de la base de que cualquier fenómeno de la naturaleza tenía una explicación fundamentada, y que conociendo los principios y las leyes que rigen el universo, cualquier hecho podía ser pronosticado. Como decía Albert Einstein, creador de la teoría de la relatividad, “Dios no juega a los dados”. Si uno conoce todas las variables y factores en el lanzamiento de un dado al aire, como la velocidad de lanzamiento, altura, superficie de la mesa, ángulos, etc…, puede predecir la cara del dado que quedará boca arriba. Sin embargo, la teoría de la relatividad no se sostiene para explicar los acontecimientos a niveles atómicos de la materia, entrando en escena las leyes de la mecánica cuántica, que si explican de manera coherente los fenómenos atómicos y subatómicos, pero las cuales introducen el factor de indeterminación,incertidumbre o azar. Las mentes más privilegiadas, como la de Stephen Hawkins, intentan ya desde hace mucho tiempo cohesionar estas teorías físicas inconsistentes entre si, en una superteoría que pueda predecir o explicar cualquier fenómeno natural ya sea microscópico o macroscópico. Pero, si el hombre es materia y energía, y como tal está expuesto a sus leyes, ¿Dónde queda la voluntad y el libre albedrío?. Psicológicamente no aceptamos que cualquier acto que hagamos esté predeterminado, porque al pensar esto, uno se diría para si mismo, si mi futuro está escrito y haga lo que haga me va a pasar lo que me tenga que pasar, para que voy a hacer nada. Para mucha gente nuestras vidas son libros con páginas en blanco que escribimos diariamente. Sin embargo, ante un acontecimiento que catalogamos como desgraciado, no tenemos reparo en decir que estaba destinado a que nos pasara, que estaba escrito, que ese era el sino. Todos los días tomamos inconscientemente miles de decisiones sin darnos cuenta,y la pasividad ante cualquier situación también es una decisión. Pero la conducta de una persona no es producto del azar, y su camino por la vida desde que nace hasta que muere tampoco. Todo está relacionado con todo, y nada sucede por casualidad. Hacerse la siguiente pregunta:¿Por qué estamos aquí ahora mismo?. Si uno empieza a hilar a través de su pasado, observa que se han dado todas las circunstancias para que uno esté en la situación que está actualmente dentro de la línea espacio-tiempo. Si mis padres no se hubieran conocido, yo no estaría aquí escribiendo, pero más fascinante aún, si el espermatozoide de mi padre que fecundó el óvulo de mi madre para formar el embrión que un día fui, no lo hubiera fecundado él, sino otro espermatozoide que estaba a dos nanómetros al lado suyo, yo tampoco existiría ahora mismo. El azar son sólo multitud de espejos en el presente sobre los cuales miramos para intentar ver lo que reflejaran en un futuro, pero cuando el futuro se convierte en presente vemos que uno y solo uno de esos espejos es el reflejo de la realidad. La cadena causa-efecto es inescrutable, porque si se hubieran dado otros acontecimientos distintos, el universo no sería tal y como lo conocemos ahora, y a lo mejor no hubiéramos ni nacido para conocerlo.


  • jesusmagana76: Muchas gracias José. Es un honor para mí que una persona de tu talla que ha vivido en sus carnes el lado oscuro de la Iglesia Católica se haya mole
  • José Mantero: Muy lúcido análisis. Saludos.
  • Mr WordPress: Hi, this is a comment.To delete a comment, just log in, and view the posts' comments, there you will have the option to edit or delete them.

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