Espacio de Jesús

Archive for diciembre 2009

El pasado fin de semana en Madrid se volvió a celebrar por tercer año consecutivo uno de los eventos que va camino de convertirse en todo un clásico de la navidad: La Homilía-Mitin en defensa de la Familia Católica. En esta edición se han sumado a la ya amplia y vasta representación jerárquica española, un nutrido grupo de curias de otros países como Alemania, Italia, Irlanda o Francia, con sus correspondientes fieles acompañando a pie de calle.

Pero no voy a hablar de lo que ya casi todo sabemos sobre esta “celebración” en defensa de la familia y contra los “ataques” que le proferimos la sociedad que no comulga con sus ideas.
¿Quién está realmente detrás de este acto?, ¿Quién mueve los hilos?, ¿Rouco Varela?, ¿La Conferencia Episcopal?, ¿El Vaticano?…No. La encargada de que estos últimos años se lleve a cabo esta celebración y de que se llenen las calles de la capital de feligreses es una de las sectas católicas con más auge en la actualidad y a su vez menos conocidas: El Camino Neocatecumenal.

El Camino Neocatecumenal no es ninguna orden o congregación católica propiamente dicha. Se define dentro de la Iglesia como una Institución que realiza un “itinerario de iniciación cristiana posterior al bautismo o para recibir este sacramento”. Hablando en “cristiano”, lo que es lo mismo, el Camino Neocatecumenal no es más que una secta católica que se dedica al proselitismo para captar nuevos adeptos a la causa. El ideólogo del Neocatecumenalismo no podría ser ni más ni menos que otro iluminado español, Francisco Argüello (Kiko para los amigos), que sin ser clérigo va camino de convertirse en el nuevo Escrivá de Balaguer.
Pero, ¿Cómo un seglar como Kiko Argüello puede tener al Papa y a medio Vaticano comiendo de su mano?, ¿Por qué despierta a su vez recelo y desconfianza dentro de otro amplio sector de la Iglesia?. Los siguientes puntos son importantes para dar respuesta a estas preguntas.

Kiko Argüello, a diferencia de Escrivá con el Opus o Maciel con los Legionarios, se dedicó a “evangelizar” personas pobres y humildes. Este sector de la población poco explotado por la Iglesia se convirtió en un filón de oro para Kiko y sus compadres. Lo que comenzó como un proceso de “cristianización” sobre barrios y zonas marginales en España, se fue extendiendo poco a poco con ordas de catequistas por todo el mundo, predicando las doctrinas más radicales de la Iglesia Católica y la versión más integrista y fundamentalista de los evangelios y la biblia. Si bien las clases elitistas del Opus y la Legión nutrían las arcas de sus sectas y de la Iglesia, además de dar control y poder, estas en número de efectivos eran escasas (obviamente hay más pobres que ricos). El mantenimiento de la Iglesia pasaba también por controlar y mantener a esa extensa y amplia clase media-baja, que es muchísimo mayor en número que las anteriores.

Pero, de los pobres, de los desfavorecidos, de los desheredados de nuestra sociedad, … ¿No se encargaban los misioneros cristianos?. Misioneros Franciscanos y Jesuitas, Monjas de ordenes como la de San Vicente de Paul, Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa, etc…, siempre han conformado esa parte de la Iglesia Católica que muchos hemos considerado como la verdadera Iglesia, la que Jesucristo querría que fuera. El Vaticano siempre se ha aprovechado mucho de la imagen de estos misioneros y monjas y de su gran labor humanitaria, colgándose los mismos jerarcas la medalla de que gracias a ellos toda esta ayuda es posible (cuando es todo mentira).

Entonces, si la Iglesia tenía ya a evangelizadores que ayudaban a las clases bajas, ¿Cómo se permite a los Kikos entrar de lleno en su propio territorio?. La explicación es muy fácil. Leyendo el siguiente artículo todo cuadra:

Kiko, un santo en camino

Las autoridades de la Curia se alarman ante el predicador itinerante, laico para más inri, que convierte a miles de fieles y funda comunidades con el mismo ardor apostólico que el mismísimo Pablo de Tarso. En 1984, el guardián de la ortodoxia, cardenal Ratzinger, llama a su palacio a dos barbudos. Uno es un franciscano, líder de la Teología de la Liberación y abanderado de los pobres: Leonardo Boff. El otro, un laico, creador de un nuevo método de recristianización: Kiko Argüello.

Pero mientras Boff y su teología salen excomulgados del despacho, Kiko y su Camino encuentran en él la bendición de Roma. Juan Pablo II y su mano derecha teológica se dan cuenta de que tienen ante sí al fundador de la Teología de la Liberación domesticada, de su versión amable y eclesialmente correcta. El Papa acaba de lanzar su nueva evangelización y, para difundirla, necesita huestes bien preparadas y numerosas. No puede contar con jesuitas ni dominicos ni demás congregaciones que luchan más por sacar a la gente de la pobreza que por hablarles de Cristo. Sus nuevas legiones serán los movimientos neoconservadores.

El cardenal Ratzinger hace el diseño y marca el programa de sus nuevos guerrilleros. Mientras al Opus Dei y a los Legionarios de Cristo les ecomienda las clases altas y las elites, a los carismáticos y, sobre todo, a los neocatecumenales de Kiko les reserva la gente sencilla, el sector donde se juega el futuro de la institución. Además, los kikos tendrán otra misión: servir de muro de contención al avance de las sectas protestantes en Latinoamérica.

La bendición de Ratzinger y del Papa da alas a los seguidores de Kiko, que en dos lustros duplicaron sus efectivos y a finales del siglo XX rozaban el millón de miembros. Y eso que no es fácil ser kiko. Todo el que entra sigue un proceso de formación de 10 años como mínimo y 30 como máximo que consta de cinco etapas: el kerigma, el precatecumenado, el catecumenado postbautismal, la elección y renovación de las promesas bautismales y la familia de Nazaret, imagen del camino neocatecumenal.

A pesar de ser largo y comprometido, no son muchos los que desertan.«Se crea una dependencia psicológica con la comunidad, no en vano, los catequistas conocen tus más íntimos pensamientos revelados en las confesiones públicas, y Kiko repite sin cesar: “Si te vas, la sangre de Cristo caerá sobre ti”. Hay un control total de las emociones de las personas y utilizan la culpabilidad y el miedo», dice un ex miembro que, a duras penas, ha conseguido rehacer su vida.

Pero Kiko también tiene «muchos enemigos, incluso dentro de la propia Iglesia», recuerda. Y enemigos de peso, a los que en el Camino se les llama faraones. Como el difunto primado de Inglaterra, cardenal Hume o los cardenales italianos Saldarini, Pappalardo y Piovanelli. O el mismísimo cardenal Martini, arzobispo emérito de Milán, en cuya diócesis nunca han podido entrar. Los detractores más viscerales del Camino tachan a sus miembros de integristas.Otros critican su afán proselitista. Pero las críticas más serias son las referidas a su ser y su misión. Según el arzobispo emérito de Cuenca (Ecuador), Luis Alberto Luna, en el Camino hay «una constante separación entre conciencia y realidad social», una «lectura fundamentalista de la Biblia», una «visión moralista rigorista de la vida que lleva desde el individualismo satisfecho por el mecánico cumplimiento de los mandamientos a un acomodo a injusticias institucionales, políticas y profesionales».

Creo que después de haber leído esto a uno le queda bastante claro lo que son los Kikos y la razón de su éxito. El futuro de la Iglesia Católica pasa por el control de la gente humilde, que son las más numerosas. A los jerarcas Católicos no les interesa el trabajo de ayuda humanitaria que realizan los misioneros y monjas, solamente les viene bien de cara a la galería y a la hora de lanzar campañas publicitarias. Al Vaticano lo que le interesa es que su mensaje integrista y fundamentalista católico sea esparcido por estas clases bajas, y sembrar así las semillas que germinaran en el futuro dando continuidad a sus dogmas e ideario moral cada vez más desfasado, rancio, caduco y alejado de la realidad social. Los Kikos son la última esperanza de la Iglesia Católica para seguir anclado en sus arcaicas posturas y no desaparecer.

“La diferencia entre el pasado, el presente y el futuro es sólo una ilusión persistente.” (Albert Einstein)

Cada uno de nosotros tiene más o menos claro un concepto de lo que es el tiempo en base a definiciones previas y las experiencias personales que nos denotan el transcurrir de este a lo largo de nuestra vida.
Pero si abandonamos y dejamos de lado por un momento todos estos prejuicios de lo que es el tiempo, podemos llegar en pocos pasos a la conclusión de que el tiempo no existe. Esto es algo chocante para nuestra lógica en principio…¿Cómo no va a existir el tiempo?, y si no existe el tiempo ¿Qué pasa con el presente, el pasado y el futuro que todos vivimos?, ¿Tampoco existen?. Visto desde esta perspectiva parecería una locura afirmar que el tiempo no existe.
En primer lugar nos planteamos, ¿Sabemos qué es realmente el Tiempo?. Desde que el ser humano desarrolló su capacidad de razonar y cuestionar, el tiempo siempre ha sido una cualidad intrínsecamente asociada al movimiento. Definimos nuestro tiempo en base al movimiento de las cosas. ¿Qué es si no un día o 24 horas?. Pues es ni más ni menos que un giro o vuelta completa de la tierra realizada sobre sí misma, tomando como referencia su eje.
¿Qué pasaría si hace 1.000 millones de años la tierra girase sobre sí misma al doble de velocidad que lo hace actualmente?. ¿Significaría que el día duraba sólo 12 horas?. Imaginemos que en el universo nada se moviera. ¿Cómo podríamos definir el tiempo?, ¿Sobre que referencia se podría medir?. Sería imposible.
Einstein revolucionó la visión de nuestra cosmología al afirmar que el tiempo (o nuestro concepto de tiempo) no era absoluto. Hoy día muchos físicos se cuestionan verdaderamente la existencia del tiempo, e incluso la del movimiento.
El tiempo puede ser una ilusión de nuestro cerebro. Es algo difícil de asimilar, pero parece ser que esto es así. Algo que siempre me ha llamado la atención con el paso de los años es la sensación subjetiva de “aceleración del tiempo”, es decir, que cuanto mayor me hago, la sensación de que el tiempo va más rápido es mayor. Y por lo que he comprobado no es algo que me ocurra a mí. Este fenómeno psicológico le ocurre a todos los seres humanos. No existen explicaciones certeras sobre el por qué nos ocurre esto, aunque todas las hipótesis se basan en el procesamiento que nuestro cerebro realiza sobre la información que obtenemos del exterior y sobre nuestros estados de ánimo.
Cuando éramos niños, un mes era muchísimo tiempo, y el transcurrir de un año a otro ya casi una eternidad. Sin embargo para los adultos, un mes pasa enseguida, y los años caen uno detrás de otro sin darnos cuenta. Algunos señalan que estas diferencias subjetivas se deben a que cuando somos pequeños y tener tan pocos años de vida, nuestras referencias temporales son aún muy reducidas. En un niño que ha vivido 7 años, el marco de referencia de un año es mucho más amplio y mayor en comparación con una persona que ha vivido 70 años. Gráficamente sería como si tomáramos una línea que representara el total de nuestra vida dividida en segmentos de tiempo relativo. La referencia subjetiva del tiempo sería mucho mayor en las personas que menos tiempo han vivido en comparación con las de mayor edad, en la que las escalas subjetivas de tiempo serían mucho menores y en consecuencia el tiempo parecería pasar más rápido.

Otro ejemplo de que nuestro cerebro procesa el tiempo de manera subjetiva lo tenemos en la sensación de que este transcurra más o menos rápido en función de lo que estemos haciendo y en nuestro estado de ánimo. Cuando por ejemplo estamos esperando a alguien sin hacer nada, el tiempo parece transcurrir más “lento”. Miramos el reloj una y otra vez, y parece que llevamos una eternidad esperando cuando a lo mejor no llevamos ni 10 minutos. Pero si nos ponemos en la piel de la otra persona que va a la cita y que está conduciendo un coche, el tiempo para esta pasa a mayor velocidad. Mientras conduce mira el reloj y ve que este pasa rápido y que por mucho que haga no va a llegar a la cita a tiempo.
Por regla general cuando nos aburrimos el tiempo parece pasar más lento, y cuando nos divertimos o hacemos cosas interesantes el tiempo se nos pasa volando.
En fin, el enigma del tiempo lo seguirá siendo por poco o mucho “tiempo”…Aprovecho ahora que estamos ya al final de otro año, que se me ha pasado volando, para hablar de nuestro tiempo ¿inexistente?…No sé, no tengo tiempo…
http://www.youtube.com/v/Ztgu1W5Ns1U&hl=es_ES&fs=1&



  • Ninguna
  • jesusmagana76: Muchas gracias José. Es un honor para mí que una persona de tu talla que ha vivido en sus carnes el lado oscuro de la Iglesia Católica se haya mole
  • José Mantero: Muy lúcido análisis. Saludos.
  • Mr WordPress: Hi, this is a comment.To delete a comment, just log in, and view the posts' comments, there you will have the option to edit or delete them.

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